
Desde tipografías legibles hasta tamaños táctiles generosos, cada detalle busca reducir barreras. Los nombres de lugares se muestran en idioma local y traducciones, evitando confusiones. Los contrastes cumplen estándares reconocidos y las interacciones clave funcionan con teclado. Ofrecemos glosarios de técnicas y materiales, además de pictogramas consistentes. Así nadie queda afuera: ni quien navega con una mano, ni quien aprende vocabulario nuevo, ni quien necesita información clara para decidir si puede llegar con comodidad y autonomía.

Tu ubicación solo se usa para sugerirte lugares cercanos si así lo decides, y nunca se comparte sin consentimiento. Puedes borrar historial, descargar tus datos y desactivar todas las recomendaciones contextuales. Las preferencias se guardan localmente cuando es posible, reduciendo dependencias externas. Explicamos en lenguaje claro qué métricas anónimas se recopilan para mejorar rendimiento y accesibilidad. La confianza se construye con controles visibles, opciones simples y la certeza de que tu experiencia te pertenece plenamente, sin rastreos intrusivos.

Publicamos conjuntos de datos agregados y anonimizados sobre horarios, accesibilidad y movilidad, con licencias abiertas que invitan a universidades, colectivos y periodistas a investigar con rigor y respeto. Promovemos preguntas que mejoren políticas públicas, ayuden a planificar transporte y valoren el impacto económico real de la artesanía ética. Si un análisis sugiere cambios, lo discutimos en foros abiertos. La inteligencia colectiva convierte números en decisiones compartidas, haciendo del mapa una herramienta viva para el bien común.
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